En cuestión de pocos años Kate y Laura Mulleavy, o lo que es lo mismo, Rodarte (el apellido de soltera de su madre), han hecho de su ropa una seña de identidad fácilmente identificable entre la jungla de nuevos talentos y creadores consagrados del panorama internacional; tal es su tirón mediático y profesional, que hasta Anna Wintour sugirió que se sometieran a régimen al considerar que su imagen era poco presentable, y lo consiguió (un despropósito más de la tirana más amada del planeta).

Su sentido de la estetética dista mucho de su California natal y es mucho más europeo y vanguardista que el de muchos de sus compatriotas; son meticulosamente detallistas y románticas, y su más que probado gusto por el chifón drapeado, su maestría con el tricot y con la lana, y su sutil abuso de los tonos empolvados, especialmente, el rosa, las ha llevado a ganarse la confianza de una industria inmunizada al talento.

Su colección de verano 2009 es casi una continuación a natural de la de invierno, y por momentos uno duda de si las propuestas de las hermanas no están hechas para combatir las bajas temperaturas.