Debería haber cumplido mi promesa y hacer un resumen semanal, pero corría el riesgo de resultar demasiado pesado, porque los retos planeteados a los concursantes no son siempre igual de interesantes; el programa ya va por su episodio número cuatro, y yo, aunque no me pronuncie, lo veo religiosamente, aunque reconozco que hago trampa y suelo pasar directamente a la parte en la que desfilan los diseños de los concursantes, y vota el jurado (lo que hace Michael Kors a nivel moda no es despampanante, americano casual corriente, sí, muy ponible, sí, ladylike, pero nada nuevo, nada que quite el hipo, ahora bien, cómo juez, es impagable).

Hasta ahora las pruebas han sido varipintas y predecibles, las mismas de todos los años: construir un look a base de productos de superercado (Capítulo1), hacer un vestido de cóctel con tejidos cien por cien ecológicos, episodio en el que Natalie Portman formó parte del plantel de voces expertas y estuvo encantadora además de guapísima (Capítulo 2), crear un estilismo inspirándose en una fotografía tomada por las calles de Nueva York (Capítulo 3), y finalmente, diseñar un posible uniforme para la selección estadounidense a lucir en la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de Pekín 2008.