A pesar del futurismo mimetizador de Alexander McQueen, la Grecia guerrera de Balmain, la astucia geométrica de Givenchy, el eterno punk de Vivienne Westwood, la austeridad pasmosa de Yves Saint Laurent o lo incomprensible de Louis Vuitton; por mucho que me vaya de mochilero hi-tech y se crea el nuevo Mesías de Facebook; y dejando de lado el supino aburrimiento que han causado tantos otros, la Semana de la Moda de París ha venido a demostrar estos días que la próxima primavera-verano 2010, la mujer se vuelve mujer; se dulcifica, vuelve al pasado, y se pone lánguida.
No importa si es de asfalto o de campo, porque lo campestre pega con fuerza, el caso es que las siluetas siguen siendo femeninas y vaporosas, y los ornamentos son todo plumas, volantes y lazos.
Miu Miu (primera foto) presentaba ayer una colección naïve, minimalista, dulce y muy italianizada. Vestidos baby doll, colores pálidos, mucho cristal incrustado y una estética barroca dentro de la calma. Preciosa. Y esas trenzas me parecen el remate perfecto al aura inocente y frágil de las propuestas de Miuccia.









