Si algo tiene este señor al que todos al unísono califican como visionario, es poder de convocatoria y círculo de amigos. Su maestría consta de cincuenta por ciento de talento, y cincuenta por ciento de espéctaculo (aunque los porcentajes son variables en función del aprecio que uno le tenga al susodicho). Y es que más que un diseñador al uso hace uso de su estatus como diseñador para hacer lo que más le gusta en el mundo: llamar la atención.

Tras su comentadísimo desfile de ayer, que pintaba a una mujer a medio camino entre Mary Poppins y My fair lady paseando por las calles de París y posando para un cuadro de Monet, Jacobs reunió a lo más granado de la high society, a las celebrities más aclamadas, y a los freaks más inverosímiles de Manhattan en el hotel Greenwich para festejar, juntos pero no revueltos, otro de sus chirriantes logros.