No me puedo creer que Anna Wintour haya metido en su maleta su abrigo blanco y se lo haya llevado a Milán con ella. Definitivamente la Wintour es una mujer de costumbres y de gustos fijos. No solamente parece que ha firmado un pacto con el diablo (y son su peluquero) en lo que a físico se refiere, sino que en cuánto a ropa, no pasan los días, ni los meses, por ella. Un sola foto suya sentada en la primera fila de cualquier show, vale para toda la temporada. Es un truco a tener en cuenta.

Aunque el de Gucci es uno de los desfiles más fotografiados y con más repercusión mediática, parece que la editora jefe de la edición americana de Vogue no es la única que ayer, repitió modelito, su álter ego gala, Carine Roitfield, se llevó también consiguo su sombrero preferido, el mismos con el que ya se dejó seducir por las cámaras en los desfiles de Febrero.

Y es que ya lo dice el dicho, “en casa del herrero, cuchillo de palo”.