Mucho más campestre y bucólica que nunca se presentaba ayer en la carpa de Bryant Park la distinguidísima e inventora del wrap dress: Diane Von Furstenberg; sus modelos, cual ninfas de orígen indio americanas, con cintas de cuero y plumas, y flores naturales a modo de diadema, se paseaban ayer por la pasarela como si estuvieran disfrutando de un día en el campo al estilo hippie, lo suyo, más que un desfile, ha sido una parade fresca y divertida.

Y es que parece que Von Fustenberg, le ex mujer del príncipe alemán al que le debe su regio apellido, ha buscado inspiración más allá de las calles de Manhattan, su centro neurálgico, y se ha dejado llevar por el romanticismo y los toques étnicos, aunque sin dejar atrás aquellos maravillosos setenta que la vieron nacer como diseñadora,

una colección bohemia, dedicada a Diana Vreeland, mito y musa, por liberar el armario de la mujer de prejuicios, y enfocada a una mujer con el porte de Diosa y la actitud de una artista (viéndola en conjunto parece hecha a medida para Jennifer Lopez, estoy segura de que hará sus delicias).