Y es que ya no es David Delfin, separado y como nombre y apellido. Sino Davidelfin, todo junto, y como apelativo de empresa. El desfile de hoy en la sala Neptuno de la Madrid Fashion Week ha sido rupturista, conciliador, e inquiteante pero sublime. La puesta en escena, como siempre, sobria, tan solo rota por un tenue láser de fondo, el pitido de una máquina de hospital y las vías a modo de complemento que llevaban los modelos, con ello Delfin y su equipo pretendían recrear una atmósfera cerrada y asfixiante como metáfora a la falta de aire, literal, por cuestiones ecológicas, y metafísica.

Esta vez, el mensaje denuncia no pasaba sin embargo por encima de la ropa, lo de ayer por la tarde fue un renacer ponible, sosegado, e incluso coqueto de un Davidelfin que en sus inicios hizo más hincapié en llamar la atención que en las propuestas encima de la pasarela. Pero lo suyo siguen siendo dos caminos que se cruzan y solapan en algún momento: los sentidos y el gusto, van de la mano.

Una Bimba Bosé exultante y aplaudida daba paso a un espectáculo muchos menos andrógino de lo esperado, y en el que la mujer, vuelve a ser mujer, y el hombre, quizás, menos hombre.