Y por fín una bocanada de aire fresco: Francisco Costa para Calvin Klein. La fiesta que se organizó hace unos días para conmemorar el 40 aniversario de la mítica firma, abanderada del estilo minimalista americano, no era más que un aperitivo ruidoso de lo que nos iba a ser mostrado como colofón a la celebración de tantos años de vida encima de las pasarelas.

Costa ha vuelto a traernos serenidad y clasicismo sin olvidar la vanguardia. Sus particulares y futuristas volúmenes y formas, sus construcciones sutilemente deconstruidas, nos confirman que lo austero nunca es aburrido.

No se me ocurre mejor coletilla para conmemorar una existencia fructífera que la prueba de una evolución sin pausa, pero sin prisa.