
Inquietantemente genial. Alexander McQueen no nos brinda ningún rayo de esperanza para el próximo Otoño-Invierno 2009/2010 pero todo su pesimismo lo convierte en una verdadera obra de arte. Hay exceso de dramatismo y eclipsa la puesta en escena, pero sin maquillaje y teatro encima de la pasarela, lo que queda, los vestidos, siguen siendo desarmantemente excepcionales.
Nada que se salga de los parámetros estéticos de un McQueen muy dado a lo gótico, a lo oscuro, a los cuentos, pero sobre todo, a la Alta Costura más que al prêt-à-porter, porque lo suyo no es bien bien un “listo para llevar” al uso, la mayoría de sus prendas parecen más bien un precioso disfraz.
Surrealista, exagerado, rozando lo absurdo, Alexander nos despierta de un sueño muy real y nos sumerge en un universo improbable pero lúcido.









